A las estrellas,
A las almas que las simbolizan.
A los planetas,
a las vidas que hipoteca.
Al universo,
A los misterios que genera.
Grandes las montañas y los prados
a los que no alcanza el ángulo de mi cristal
desde el que sólo veo corredores de metal
que cuando exhalan rugen asfixiados
Luciérnagas despiertan cuando el Sol se adormece
Lejos de trotar pisando el viento
mantienen firmes filas obedeciendo algún sargento
Debajo de ellas la cuna de algún ser con apuro se mece.
Mas es melodía
el sonido de las calles
y no el silencio de las valles
de las que Hernández habla con melancolía
Arte son los bloques
y los ladrillos despegados
no los árboles ahogados
en la lluvia que golpea con punzantes choques.
Los recuerdos reviven en cada zona
Bella la Ciudad que me vio crecer
que contemplé llorando hasta el amanecer
Que no muera nunca, querida Barcelona
Precioso poema.
ResponderEliminarHay lugares maravillosos en cualquier lugar, pero todos tenemos uno especial,uno que queda marcado a fuego en nuestros corazones para siempre.